Crónica del concierto de King Crimson en Mehr! Theater am Großmarkt, (Hamburgo, 03/10)

King Crimson en el Mehr! Theater am Großmarkt, Hamburgo, tres de octubre de 2016

 (Texto por Carlos Romeo)


 

En una ocasión Bill Bruford afirmó que en King Crimson había que “esperar lo inesperado” y la historia del grupo así lo demuestra. Como una vez comentó Robert Fripp, primero surge una pregunta, “¿cómo ha podido suceder esto?”; luego llega otra, “¿cómo pudo no suceder?”. Además, está esa idea circulante de que todos los miembros que fueron o han sido dieron lo mejor de sí mismos en el grupo. Esto es así porque esta banda es un medio adecuado para responder creativamente ante las situaciones artísticas planteadas. Examinando con perspectiva su obra y su devenir pueden verse los retos a los que se ha enfrentado King Crimson y cómo se han superado. Aquellos con los que nace cada formación y los que acontecen sobrevenidos.

Cuando todo parecía cerrado, acabado y sin posibilidad de desarrollo llegó la noticia en septiembre de 2013, King Crimson iba a reestablecerse como septeto. Llegaron las giras de otoño de 2014 y 2015, pero ninguna pasó por España o México. Ante la gira europea de otoño de 2016 en principio no parecía que esta situación fuera a cambiar. Surgió para nosotros la oportunidad de poder acudir al que parecía ser el último concierto, en la ciudad alemana de Hamburgo, y asumimos el viaje. Días después se dieron a conocer las fechas de la segunda fase de la gira que sí incluirían a Madrid y Barcelona. Con la decisión ya tomada al final veríamos al grupo tanto en Alemania como en la capital de España.

El Mehr! Theater am Großmarkt es una gran sala que aprovecha una enorme nave industrial. Por su tamaño, es la adecuada al tipo de local que quiere el grupo, que desea realizar los conciertos con un aforo máximo de 2.500 asistentes. Al llegar allí fuimos testigos de cómo quedaban a la venta algunas localidades a la venta y luego vimos que había muy pocos huecos en las butacas. El recital obtuvo un lleno casi absoluto.

La música de sala consistió en una grabación de los soundscapes de Robert Fripp. En un momento dado, con el público algo impaciente, sonó la salutación y advertencia de que no se tomaran fotos y se disfrutara del momento.

Acto seguido, ante el gran alborozo de los muy excitados presentes hicieron aparición los miembros del grupo. En primer fila en la frontal del escenario se situaron de izquierda a derecha, Pat Mastelotto (batería y percusión), Jeremy Stacey (batería y teclados) y Gavin Harrison (batería). Tras ellos y sobre una tarima sobreelevada y de izquierda a derecha se colocaron Mel Collins (saxos y flauta), Tony Levin (bajos, stick y voz), Jakko Jakszyk (voz solista, guitarra y flauta) y Robert Fripp (guitarra y teclados).

Éste es el lugar más conveniente para informar que el repertorio de cada recital de King Crimson se decide unas horas antes del concierto y que éste no se suele repetir. De un total de treinta piezas ensayadas se suelen tocar veintitrés o veinticuatro. Conociendo el repertorio esto introduce un cierto grado de incertidumbre entre la parte del público que está informado sobre que composiciones del grupo se tocan en la gira.

Tras la misma introducción grabada que abre el disco Live at the Orpheum, ‘Walk On: Monk Morph Chamber Music’, el grupo tocó ‘Dawn Song’ (la primera sección de ‘The Battle of Glass Tears’, de la suite ‘Lizard’), con Robert Fripp tocando con los teclados las partes de oboe del original y con Jakko Jakszyk cantando con gran belleza la voz solista, más grave que su registro más habitual. La pieza sonó exquisita y sirvió como una suerte de obertura a todo el concierto. Como en la mayoría de los recitales de esta gira no se tocó el resto de ‘The Battle of Glass Tears’.

Acto seguido empezó la primera parte del recital propiamente dicha con ‘Hell Hounds of Krim’, una agresiva pieza escrita para los tres baterías, que frasearon juntos o por separado. Conviene aclarar que no en todas las piezas los tres tocan su instrumento a la vez. Durante el recital Jeremy Stacey se ocupó muy a menudo de los teclados y Pat Mastelotto asumió el rol de percusionista. Este trío estableció el tono para este segmento del concierto ya que la siguiente canción fue ‘Pictures of a City’, la cual siempre fue una de las más abrasivas piezas del repertorio del grupo hasta 1972. Puede apreciarse que la presencia de dos guitarristas le da una densidad sonora adicional al tema, algo que sucederá a lo largo de toda la noche. Siguiendo en esta línea de contundencia lo siguiente fue la interpretación de ‘Red’. Ésta es una pieza que hemos tenido la suerte de poder escuchar en directo con una, dos y ahora tres baterías. Estas partes son uno de los elementos diferenciadores con relación a las versiones ya conocidas, y el mérito debe ser atribuido a Gavin Harrison, que es el que se ocupa de escribir los arreglos de percusión. Además, Mel Collins aparece a los vientos en una composición que no los tenía hasta ahora. Sus partes de saxo encajan como dedos en un guante. Así pues, y como fue la tónica de todo el concierto, nos dimos cuenta de que la filosofía del recital no consistía en escuchar versiones de distintas épocas de King Crimson ya que el grupo que teníamos enfrente sonaba a un destilado de toda la trayectoria del grupo. Este septeto desdibuja o borra las divisiones entre las diferentes configuraciones de la banda.

Después de tanta intensidad el grupo se embarcó en la interpretación del tema título del álbum cebador de su configuración actual, ‘A Scarcity of Miracles’. Como es sabido es una balada que cuenta con una bella introducción de guitarra a cargo de Robert Fripp. Para nosotros lo destacable es constatar hasta que punto el material de este álbum es verdadero King Crimson, algo que fue muy discutido en su día. La sensación que percibimos con esta interpretación que se nos brindó es que se había “crimsonizado” aún más con esta versión en directo.

No lo sabíamos, pero después de esta relajación en la intensidad iba a llegar una tanda de grandes canciones, algunas de las cuales nunca habíamos escuchado en concierto hasta ahora y, huelga decirlo, éste fue uno de los segmentos del recital más impactante para nosotros.

Sonó música nueva, instrumental, protagonizada por la flauta de Mel Collins. Jakko Jakszyk descolgó su guitarra y empuño otra flauta para tocar a dúo con él, secundados por el resto del grupo. Se trata de ‘Interlude’ que finaliza con las notas del piano eléctrico de Jeremy Stacey, las que dan comienzo a ‘Cirkus’, pieza que no se tocaba en directo desde 1972. La canción se desenvuelve de forma similar a como lo hizo entonces, con Fripp alternándose entre los teclados y la guitarra. Recordemos aquí que en los años setenta esta canción se interpretó con unos arreglos que precisaban dos teclistas (Fripp y Collins) junto a unas partes ocasionales de guitarra. En 2016 la canción se instrumenta con dos guitarras (aunque Fripp se dobla a los teclados) y dos teclistas (Fripp y Stacey) liberando a Collins que se explaya a gusto con sus vientos, cita musical circense incluida. Este maravilloso recuerdo de Lizard, que ejemplifica ahora que lo antiguo también es nuevo merced a los arreglos dejó el terreno preparado para el instrumental que más esperábamos esa noche, ‘Fracture’. No creemos equivocarnos al evocar aquí que las primeras e inconfundibles notas de la pieza, tocadas por Fripp, conmocionaron al público asistente en un grado superlativo. Nuestra curiosidad fue satisfecha al ser testigos de cómo Mel Collins insertaba sus partes de saxo y flauta en una composición que originalmente no las tenía. Si se pregunta a los integrantes de King Crimson entre 1973 y 1974 cual era la pieza más difícil de tocar del repertorio la respuesta unánime sería precisamente ‘Fracture’. Dados estos antecedentes y dada la nueva instrumentación la pregunta obvia sería si era factible dotar a esta pieza de una interpretación dinámica que fuera capaz de absorber a la audiencia y a los músicos para poder recorrer este camino intrincado y llegar al final con una sensación de plenitud, afirmándonos para nuestros adentros un pensamiento del tipo “esto es”. Podemos responder que sí, el poder avasallador del septeto nos regaló –la música es gratuita, nosotros sólo pagamos para poder entrar en la sala– una interpretación memorable de la pieza. Un verdadero ejemplo de música “definitiva” tras la cual sólo debería caber el silencio.

Tras ‘Fracture’ no devino el silencio sino que se retrocedió más atrás en el tiempo hacia el álbum Islands. La siguiente pieza fue ‘The Letters’, composición muy antigua que tiene sus raíces en los tiempos de Giles, Giles & Fripp. Es una canción de marcados contrastes, con momentos de tensa calma que bordean violentas incursiones en una suerte de caos controlado. Fripp y Collins saben lo que hacen aquí, también los demás. Jakko Jakszyk brilla con su interpretación vocal, que no dudamos en calificar como soberbia y con la dosis necesaria de dramatismo allí cuando se requiere. Con este King Crimson, y asistiendo al concierto, ya no nos cuestionamos quién falta en el grupo. En el aspecto vocal Jakszyk ha crecido como cantante y hemos sido testigos merced a las grabaciones y a éste recital de cómo lo ha hecho y en qué medida. Sin dar tregua, la reconocible figura rítmica creada por Ian Wallace nos indicó que a renglón seguido la música proseguía con ‘Sailor’s Tale’. Esto era una garantía de gozo asegurada. Jeremy Stacey se aplicó a las fases de teclado que rememoraban el mellotron mientras que Fripp acometía aquel mítico solo de guitarra, el que suena como un “banjo con esteroides”, con la ferocidad esperada.

El tono de exaltación del público no decayó ya que King Crimson se embarcó en la interpretación del himno fundacional del grupo, la canción cuya composición por parte de Ian McDonald supuso para Peter Sinfield el acto inaugural del grupo. Nos referimos a ‘In the Court of the Crimson King’. Mel Collins estuvo sublime a las flautas. Acto seguido observamos como Tony Levin se calzaba sus funky fingers tras lo cual el septeto se lanzó a una vertiginosa y ágil versión de ‘The Talking Drum’ en la que el elemento diferencial con versiones previas fue la presencia del saxo de Mel Collins, un elemento dinamizador de primer orden. Como era de esperar la pieza desembocó en la composición ‘Larks’ Tongues in Aspic Part II’, la cual fue interpretada con la ferocidad esperada. Un gran final para la primera parte del concierto.

Después llegó un hiato de unos veinte minutos de duración que cada cual aprovechó como pudo o quiso.

El segundo set del recital empezó con otra de las piezas de percusión, ‘Devil Dogs of Tesselation Row’ que dio paso a ‘Radical Action II’, instrumental escrito por Robert Fripp que en esta gira suele desembocar sin solución de continuidad en ‘Level Five’, la única pieza escrita durante la “era Belew” (1981-2008) que fue interpretada esta noche. Fue también la rara ocasión en el recital en la que Tony Levin usó su stick. La pieza ya había sido arreglada para dos baterías en la última gira con Belew en 2008 (cuatro de los cinco miembros de aquel quinteto integran ahora el septeto) y para esta ocasión había una batería más junto a los vientos de Mel Collins. Éste es un buen momento para señalar que se ha dispuesto una pantalla sonora que separa a Collins del estruendo de las tres baterías. Lo cierto es que en algunos momentos, cuando fraseaban juntos los tres percusionistas, nos costó distinguir la línea del bajo.

Tras estas piezas instrumentales el grupo retomó dos canciones clásicas del repertorio del grupo. La primera fue ‘Easy Money’, que contó con un hermoso solo de guitarra a cargo de Fripp. Pudimos constatar que Pat Mastelotto tomó el relevo de Jamie Muir a la hora de tocar percusiones en este tema. Es justo señalar una vez más el buen hacer de Jakko a las voces a la hora de abordar esta canción. No repuestos aún de la pieza anterior el grupo empezó a tocar ‘Epitaph’ cuyos primeros compases fueron recibidos con estremecimiento por parte del público. Jakko tuvo problemas con la garganta, ante la mirada vigilante de Fripp, pero resolvió la dificultad con solvencia. La sección central fue bellísima. Esta hermosa canción del origen del grupo cerró sección, ya que se dio paso a una sucesión de dos canciones nuevas.

Después King Crimson tocó ‘Radical Action (To Unseat The Hold Of Monkey Mind)’ instrumental escrito por Robert Fripp, en su vena de demostración de poder crimsoniano. La pieza desembocó sin solución de continuidad en la canción ‘Meltdown’, escrita por Jakszyk y Fripp. Como ya escribimos en otra ocasión éstas piezas son como un destilado de toda la historia del grupo. De hecho, el juego de las dos guitarras en ‘Meltdown’ no hubiera desentonado, sino todo lo contrario, en la mencionada era Belew.

Ya en la recta final del recital el grupo viajó de nuevo del presente al pasado recalando en su álbum Red. En primer lugar sonó ‘One More Red Nightmare’ canción grabada en 1974 pero estrenada por el grupo en concierto en 2014. Bien podría decirse que éste es un tema que parece escrito para esta formación de King Crimson. Por un lado, la pieza original contenía varias pistas de guitarra y este grupo tiene dos guitarristas. Por el otro, la composición tiene varios breaks de batería, que en directo se resuelven adjudicando uno a cada uno de los baterías. En cualquier caso ésta es una canción dinámica que funciona muy bien en directo. A destacar el solo de saxo. Finalmente, el segundo set se cerró con una de las composiciones más amadas de King Crimson, al menos por su público, y su función en el recital fue cerrar la actuación. Hablamos de ‘Starless’, canción de la que huelga explicar nada. Ésta es una pieza de las que imponen y se escuchan con absoluta atención. Tras la balada inicial la iluminación del escenario quedó reducida a luces rojas, mientras la intensidad del tema iba in crescendo, como es sabido. El final de la canción fue una pura apoteosis que llevó a los asistentes al delirio y a levantarse como un resorte para aplaudir a rabiar.

El público pidió más y más sin volver a sentarse hasta que los músicos retornaron al escenario. Tras unas palabras que dirigió Fripp a los músicos el bis de la actuación empezó con otra pieza en trío para los percusionistas, en este caso ‘Banshee Leg Bells Hassle’. Tras la cual sonaron los sonidos bien conocidos que preludian el arranque de la muy esperada canción ’21st Century Schizoid Man’, que fue acogida con gran alborozo por los allí presentes. Con dos guitarristas, ésta fue la versión más “metálica” que hemos escuchado jamás del tema que se interpretó con gran brío, con evidentes muestras de satisfacción por parte de los músicos hacia lo que estaban tocando. En la sección intermedia, desde 2014, se aloja el solo de batería de Gavin Harrison. No nos suele gustar el que se incluyan estos solos en canciones que originalmente no los contienen dado que pensamos que de alguna manera “estropean” la pieza. Sin embargo, no fue ésta nuestra sensación en esta ocasión. Fue un solo elaborado que engarzó bien con el tema. Una demostración de que el líder de la sección de las baterías merecía esta oportunidad para lucirse. En suma, que no hay mejor heredero de Bill Bruford que Gavin Harrison, mientras que Pat Mastelotto hacía de sí mismo y de Jamie Muir; y Jeremy Stacey tocaba y hacía de todo desde su papel de multiinstrumentista. La resolución final de la canción fue el final definitivo del recital. Como estaba convenido, Tony Levin sacó su cámara de fotos y esto desató una avalancha de fotografías por parte del público. El propio Robert Fripp se hizo un autorretrato. Los músicos aparecieron relajados y contentos. Se respiraba un ambiente de felicidad colmada en la sala. Hasta la próxima ocasión, pensamos.

Pocos días después supimos que en el repertorio de este concierto se encontraba incluida la canción ‘Heroes’ para ser tocada en el bis antes de ’21st Century Schizoid Band’, algo que no sucedió.

En cualquier caso, insistimos en que dado que esta formación de King Crimson existe para el directo es esencial poder verles en concierto a ser posible. Ésta es una experiencia única ya que por primera vez podemos disfrutar de una banda que hace suya toda su historia, donde lo clásico parece reciente y donde lo nuevo poco a poco se va abriendo paso en el repertorio. Lo hace sin prisas pero no deja de estar presente. Como curiosidad, notar que en el repertorio de esta noche se tocaron entre otras, tres piezas de los álbumes In the Court of the Crimson King, Larks’ Tongues in Aspic y Red. Ésta nos parece una indicación clara de la estética del grupo.

No se lo pierdan. En España a finales de noviembre de este mismo año. En América, ¿quién sabe? Quizá el año que viene.

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Carlos Romeo

 

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