Mike Oldfield – ‘Return to Ommadawn’ (2017)

2012 marcó uno de los muchos antes y después que han poblado la carrera de Mike Oldfield. El post-adolescente que sorprendió al mundo con Tubular Bells en 1973 tenía, ante toda la nación y prácticamente todo el planeta, la reafirmación de la perennidad de su trabajo en la ceremonia de los Juegos Olímpicos celebrados en Londres. Una ceremonia en la que, entre otras cosas, se arropaba a Oldfield, aislado desde hacía años en las Bahamas, como uno de los protegidos de la nación británica.

Sin embargo, tras esta celebración a toda una carrera, la vida del músico nacido en Reading da un giro emocional de 180 grados, pues se entrelazan un crudo divorcio y la aún más cruda muerte de su hijo Dougal a los 33 años de edad, dando lugar a un mayor aislamiento emocional.

Así pues, mientras que la revisión del que quizá sea su trabajo más aclamado por la crítica pueda parecer una maniobra fruto de una agresiva estrategia mercadotécnica, no es difícil ver un paralelismo emocional entre la catarsis que ambas obras suponen para Oldfield: la burbuja del éxito de Tubular Bells, el aislamiento fruto de la decepcionante recepción de su sietemesino Hergest Ridge y la muerte de su madre Maureen.

En lo estrictamente musical, Ommadawn es una conjunción de todo lo aprendido en el celebrado Tubular Bells y el a veces ignorado Hergest Ridge: variedad temática y atmosférica, para dotar de una constante sensación de movimiento; y, a su vez, cohesión ideática y repetición motívica, para agrupar todo el amalgamado compositivo bajo una estructura circular.

Return to Ommadawn no es una secuela reboot al estilo de Tubular Bells II, pero tampoco es un desarrollo nuevo bajo la misma alma como Amarok. Es una obra con aristas, fallos de ejecución, de menor orfebrería que Music of the Spheres, pero de mayor calado emocional que Man on the Rocks. Mike Oldfield vuelve a grabar todos los instrumentos, cosa que no ocurría desde Guitars, y destacan los pocos ornamentos de post-producción.

En su primer hemisferio, ‘Return to Ommadawn, Part One’ se abre poco a poco, ganando en intensidad y dramatismo fluyendo con pasajes que recuerdan desde a los primeros minutos de Hergest Ridge, pasando por las dulces guitarras de la segunda parte de Tubular Bells y, obviamente, a Ommadawn (guiño a Amarok mediante). No obstante, estos recuerdos distan de ser tan evidentes y claros como los que surgen al escuchar a Robert Reed y sus Sanctuary, sino que la estructura de la pieza es sólida y coherente.

Tal vez el único punto negativo del disco es, precisamente, la revisión más evidente del primer Ommadawn. La percusión africana bajo instrumentación celta es, quizá, lo menos cuidado del LP, pues aparece y desaparece algo fuera de lugar respecto el resto del primer movimiento. Era un guiño prácticamente obligado, pues es el momento más icónico del original, así como de su sucesor espiritual. Por eso es más de extrañar que sea el pasaje menos natural de la primera parte.

Siguiendo la regla no escrita sobre los Opus de Mike Oldfield (que la primera parte es la más icónica, mientras que la segunda es la mejor escrita y la más coherente de la duología), ‘Return to Ommadawn, Part Two’ crece con mayor timidez que su contraparte, pero dejando evolucionar entre su tejido algunas de las ideas aparecidas en la primera parte. Se aleja pues, de la división ideológica entre las caras del vinilo y deja que ambas mitades se contaminen y se entremezclen.

Pero quizá el punto álgido del LP sea la última porción de la segunda parte. Siguiendo el espejo del hijo imaginario entre ‘Sailor’s Hornpipe’ y ‘Celt’, pero añadiendo guiños digitalizados al ‘On Horseback’ del Ommadawn original, Oldfield factura una de sus canciones folk más pegadizas y redondas en años, sin temor a dejar rienda suelta a su guitarra eléctrica y poniendo punto a final a un sorprendentemente satisfactorio disco.

Return to Ommadawn es un disco arriesgado, pues añadir en el título una referencia tan clara a la obra más querida de su catálogo es crear unas expectativas prácticamente inalcanzables. Y no acaba allí, pues el uso de una tipografía naranja sans serif no es accidental, sino formal. Oldfield siente que ha vuelto al estilo musical que dejó atrás tras su terapia de choque en 1978, que hizo que su musicalidad cambiase. El resultado es más que notable: y tras 26 proyectos de estudio, y más esqueletos en el armario de los que los fans quieren admitir, es mucho más de lo que Mike Oldfield tenía por qué ofrecer.

Tracklist:

  1. ‘Return to Ommadawn (Part one)’
  2. ‘Return to Ommadawn (Part two)’

Reseña por: Miguel González Sánchez

 

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2 thoughts on “Mike Oldfield – ‘Return to Ommadawn’ (2017)

  1. Algún día (bajo autorización pertinente) explicaré como puede entrometerse una obra magna como Onmadawn en la vida de una persona, reorganizarla, dirigirla y encaminarla hacia una vida que se había estado preparando para ello
    y un reset emocional post-adolescente estuvo apunto de truncarla . Y me callo porque empiezo a emocionarme y los chicos no lloran .

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  2. Coincido bastante contigo y te felicito, a salvo de la referencia a Reed. Tal vez admita lo que dices respecto al I, pero no respecto al II. Déjame que añada una cosa general, la corriente de oldfieldistas que posturean con negar a Reed están yendo contra un tipo de música en que solo 2 compositores se mueven, por desgracia, y no nos podemos permitir el lujo de perder a uno, sino todo lo contrario, fomentarlo.

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