Jardín de la Croix – ‘Circadia’ (2016)

Una montaña de pajaritas de papel sobre un fondo blanco, donde solo las sombras y los innumerables dobleces de papel juegan a fabricar formas y patrones. Así es la portada de Circadia, una fotografía de Lisa Birch con la que Jardín de la Croix quieren representar una de las dos bases de su música: la variedad de ritmos y las repeticiones de esquemas.

Dentro del CD y el vinilo encontramos una preciosa ilustración de Rebeca Valenciano en la que se muestran los seis protagonistas de los temas del disco, seres con ciclos vitales singulares, desde la cigarra, que vive enterrada alimentándose de raíces durante diecisiete años antes de salir a colonizar su entorno, a la denominada flor cadáver, una enorme y maloliente herbácea procedente de las selvas de Sumatra, la cual crea únicamente tres o cuatro flores, que sobreviven apenas tres días, en sus cuarenta años de vida. Estos ritmos circadianos extraños han servido de inspiración al cuarteto madrileño para articular sobre ellos su cuarto trabajo y seguir creciendo.

He escuchado en varias ocasiones a colegas que no comulgan con este tipo de música argumentar que, vale, tocan muchas notas pero no les dice nada. Ante afirmaciones de ese calibre poco se puede discutir, sólo alegrarse de pertenecer a la panda de afortunados a los que estas canciones nos hablan sin necesidad de voz. El progresivo instrumental, math rock o como queráis calificarlo está experimentando un subidón en España gracias, en buena medida, a la popularidad de Toundra y de grupos foráneos como Mogwai o Explosions in the Sky. Los mismos Jardín de la Croix fueron invitados el pasado mayo a un abarrotado Palacio de los Deportes de Madrid para tocar con los antes mencionados Toundra, Viva Belgrado y Alcest; algo se mueve desde los bajos fondos e intenta salir a la superficie.

Circadia se trata, como sus predecesores, de un viaje por una senda predeterminada y por ello comparte su mismo fundamento: una base rítmica compleja sobre la que se entrelazan melodías y bucles de guitarras, calculadas para mantener al escuchante embelesado y en tensión constante. Pero se nota que los muchachos han crecido y madurado puesto que por todo el disco flota cierto ambiente relajado y satisfecho, como si ya no tuviesen que demostrar a nadie de lo que son capaces –y no tienen que hacerlo, de hecho- pero fuesen incapaces de bajar el pistón y seguir imaginando historias.  La novedad más notable es el estreno de Ander Carballo con los teclados, rebajando la fiereza de las composiciones en varias ocasiones y ayudando a las guitarras a narrar. Desde la apertura del disco, con la melodía inicial de ‘Seventeen years to hatch an invasion’, al contrapunto perfecto que ejercen en la parte media de ‘Green architect’ o el toque electrónico del inicio de ‘Flowers and carrion’, los teclados se revelan como un nuevo elemento rico y atractivo. Y es que estos nuevos Jardín de la Croix saben mantener la complejidad aparentando sencillez en los momentos más tranquilos, tarea harto complicada. El papel del nuevo bajista, Nacho Hernández, es más que notable (no le perdáis oído en Reversion o en Trail from Alaska, por ejemplo) y la inclusión de instrumentos de cuerda en el titán que es ‘Green architect’ redondean aún más la jugada.

Hablando de ‘Green architect’, es la favorita del grupo. Trata sobre el tejo, un árbol especialmente longevo cuyos ejemplares suelen crecer aislados y que ha sido venerado por los astures, los cántabros y los celtas. Como señalan los miembros de la banda, es la más completa por los giros de melodía y los cambios de ritmo; su segmento central se construye alrededor de una línea de piano hipnótica y unos redobles entrecortados de batería, con los que juegan los bucles de guitarra y el bajo. Sumadle los crescendos marca de la casa y unos inteligentes toques de cuerdas y obtendréis un pelotazo de canción.

El primer adelanto del álbum fue ‘Intermareals’, otro de los temas predilectos de los componentes de Jardín. Presenta una estructura reconocible para los seguidores de largo recorrido de la banda, con alternancia de riffs espesos y melodías entrelazadas de ambas guitarras, pero abre, como novedad, con un piano delicado que casa como anillo al dedo con la tónica de la canción. Ese mismo poso agridulce sirve para cerrar este trabajo con ‘Flowers and carrion’, nuevamente abierta por los teclados de Ander y comandada por un trabajo demencial de bajo y batería. El ritmo fluctúa con fluidez mientras lleva consigo las diferentes líneas melódicas, en un ejercicio perfecto de orfebrería musical que culmina de manera brusca y nos deja con ganas de más.

Enormes, Jardín de la Croix.

Redacción: Patricia García

 

Componentes:

Pablo Rodríguez: guitarra.

Ander Carballo: guitarra, teclados

Nacho Hernández: bajo

Israel Arias: batería

Invitados:

  • Marcos Álvarez: violín
  • Alberto Carballo: violonchelo
  • Cecilia Tallo: contrabajo

 

Tracklist:

‘Seventeen years to hatch an invasion’

‘Reversion’

‘Intermareals’

‘Green architect’

‘Trail from Alaska’

‘Flowers and carrion’

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