¡Sábado de gloria de 2017! Glazz y Adrian Belew Power Trio en Madrid

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El pasado día quince de abril tuvo lugar un recital en Madrid en la sala Changó Live que reunió al trío gaditano Glazz con el trío de Adrian Belew.

Redacción: Carlos Romeo

Fotos: Eden J. Garrido

Aún estábamos accediendo al recinto cuando empezó la actuación de Glazz. El grupo estaba compuesto por José Recacha (guitarra), Daniel Escortell (bajo) y Javi Ruibal (batería) y debemos decir que sonó con absoluta limpieza. Nunca les habíamos visto en concierto y nos confirmaron aquello que ya habíamos podido discernir a través de sus discos. Ofrecieron un repaso de toda su carrera pese a la brevedad de su set, incluso incluyendo material nuevo. La definición de su propuesta musical la hemos visto descrita de muchas maneras pero para nosotros está muy claro, se trata de rock progresivo instrumental de un nivel altísimo.

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A priori, se podría pensar que el resultado podría pecar de repetitivo, pero no es así, ya que fue extraordinaria la variedad del material que se nos presentó en escena. Además, es una música compleja que suena con una fluidez pasmosa dentro de su dificultad. Pero salieron airosos, con sonrisas en sus labios y muy buen humor. Fue una actuación breve, que dejó muy buen sabor de boca y con ganas de mucho más.

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La elección de este grupo para abrir fue afortunada, ya que es obvio que King Crimson es una de sus influencias (no en vano dos de los miembros del grupo lo son a su vez de la banda Indisciplinados). Resolvieron la papeleta con sobrada capacidad. Ellos han actuado en Japón y muy recientemente en México, así que esperamos poder volver a escucharlos en un periodo de tiempo lo más breve posible.

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Hemos visto a Adrian Belew en directo en cuatro ocasiones, siempre con King Crimson, por lo que el reto de escucharlo en solitario era interesante. Conocemos casi toda su obra, dentro y fuera de los grupos en los que ha participado, así que nuestra expectación era máxima y no fue defraudada. Poco tiempo después de que terminara Glazz y se acondicionara el escenario hicieron su aparición los músicos. A nuestra izquierda lo hizo Julie Slick al bajo de cinco cuerdas, miembro del trío de Adrian Belew desde hace tiempo; a nuestra derecha el batería Tobias Ralph, miembro más reciente de este grupo; y en el centro del escenario hizo su aparición el propio Adrian Belew. Lo encontramos mucho más desenfado y espontaneo que en los recitales de King Crimson. Así la impresión que daba era al de ser una persona extremadamente simpática, entusiasta, alegre y bromista. En resumen, claramente disfrutaba con lo que estaba haciendo. Nos hizo pensar que con un repertorio cerrado como el que lleva el trío, ya que virtualmente tocan lo mismo cada noche, había que tener unas ganas genuinas para poder tocar con esta convicción tan alegre que se nos transmitió y sin que se pudiera volver cada concierto un ritual cansino por repetitivo. Además, la música de Belew es franca y directa, inmediata y sin dobleces. En una palabra, es rock a su muy peculiar estilo. Lo más progresivo del repertorio fueron, aparte de las piezas de King Crimson, los fragmentos de su álbum e, una obra maestra de la que nadie habla y que demuestra todo lo que King Crimson le dio. En estos fragmentos y en algún otro momento del recital Belew se dobló a sí mismo gracias al uso de loops, algo que hizo con mucha gracia delante de su público.

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El concierto estuvo estructurado en dos partes con un bis. No hubo una diferencia importante en el material ofrecido entre ambas secciones. Por un lado, una selección de temas propios que abarcan desde su álbum debut, Lone Rhino, hasta el primer volumen de Flux, una de sus últimas ediciones. Por el otro, se fueron intercalando versiones. Durante el primer set nos dimos cuenta de que la estética del trío era más metálica y agresiva que lo escuchado por nosotros por anterioridad.

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La voz no se escuchaba a la perfección, ya que se oía con un cierto grado de estridencia, algo que fue mitigado en el segundo set. Este hecho no es baladí, ya que con esta formación y estética el peso de las melodías recae en la voz del guitarrista, fiel discípulo en estos aspectos de su música de The Beatles. Como instrumentista demostró que sigue siendo capaz de sacar unos sonidos de la cualidad más alienígena imaginable de su guitarra. Conoce bien este aspecto, no son cosas dejadas al azar sino que sabe muy bien como extraer estas sonoridades y lo hace no en el contexto de una música avanzada sino en el de una estética rock. Domina estos efectos, es un buen solista, saber crear riffs contagiosos, y es un excelente compositor de canciones. El concierto no defraudo estos hechos sino que demostró palmariamente las bondades del artista.

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No creemos equivocarnos con la impresión de que las canciones de King Crimson (‘One Time’, ‘Dinosaur’, ‘Heartbeat’, ‘Frame by Frame’, ‘Three of a Perfect Pair’, ‘Neurotica’, ‘Walking on Air’, ‘Elephant Talk’ y ‘Thela Hun Ginjeet’), fueron muy bien recibidas por un público entusiasta que las bailaba y coreaba sabiéndose las letras, etc. En algunos momentos la versión de estos temas fue ligeramente personalizada por Belew. Da que pensar muy positivamente sobre la habilidad de los músicos para ser capaces de tocar como power trio piezas concebidas para cuarteto o sexteto.

Para el segundo set nos colocamos en otro lugar y pudimos comprobar que la excelencia del trío se mantenía, con un repertorio similar al previo y al que se añadió la versión de la canción de David Bowie ‘Boys Keep Swinging’, primer sencillo que fue del álbum Lodger en 1979. Era inevitable llegar al final de la actuación y éste llego con la catarsis absoluta merced a la salvaje interpretación de ‘Thela Hun Ginjeet’ que provocó un entusiasmo tan grande entre el público que éste retroalimentó a los músicos. Pudimos observar como en la segunda parte de la pieza Julie Slick prácticamente aporreaba su bajo de cinco cuerdas, mientras nos resultó imposible observar las baquetas del excelente Tobias Ralph, sólo su estela. Los testimonios de Julie Slick en Facebook, horas después, dieron fe de lo muy positivamente afectados que quedaron los músicos con nuestra respuesta, la de su público.

El bis, necesario, obligado tras la catarsis, fue la pieza “e” del álbum del mismo título.

Aparte de disfrutar del recital, nuestra reflexión provino del hecho de comprobar cuan alejada está hoy la propuesta de King Crimson de la de Adrian Belew. No hablamos de calidades sino de la línea estética. Si eventualmente se volviera a reunir The Crimson ProjeKCt, el grupo que englobaba a Stick Men y al Adrian Belew Power Trio, será un placer acudir a un recital suyo. Mientras tanto, que Adrian Belew vuelva cuando quiera.

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